Capitalismo: El precio es el planeta Tierra

Posted by Socialismo Revolucionario on domingo, julio 15, 2012


El cambio climático amenaza el futuro de la humanidad. Dos tercios de todos los ecosistemas están degradados. Las sequías extremas, inundaciones, tormentas y los incendios obligan a millones a huir y convertirse en refugiados ambientales. Este es el dramático telón de fondo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que tiene lugar en diciembre en Copenhague. (Cop15)

La declaración de 2007 del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU) concluía que la temperatura media de la Tierra no debería aumentar más de dos grados Celsius sobre los niveles preindustriales o se produciría un desastre incalculable, fue un poderoso recordatorio de la naturaleza del problema. Sin embargo, nueve de cada diez científicos creen que las temperaturas aumentarán más de dos grados, meta del Protocolo de Kyoto. Un aumento de tres a seis grados antes de fin de siglo es lo más probable.

La razón principal es que a medida que los océanos se calientan, pierden su capacidad de absorber dióxido de carbono. Otra terrible verdad es que hay más carbono en los glaciares polares que en toda  la atmósfera. Los expertos dicen que si las emisiones de dióxido de carbono, azufre y nitrógeno siguen como están hoy en día, esta bomba va a explotar en los próximos 100 años. Un umbral que se está discutiendo, un punto desde el cual los riesgos del calentamiento global ya no dependerán más de nuestras acciones para frenarlos.

Mientras tanto, los gobiernos se reúnen para discutir el problema, cómo lo van a hacer en Copenhague en diciembre, lo que sugiere nuevos objetivos para la reducción de gases de efecto invernadero. Pero las discusiones las empezaron en la Cumbre de Río de 1992 y las cosas están empeorando. ¿Por qué las estrategias de cambio climático no funcionan?

Las políticas 'verdes' convencionales de los gobiernos capitalistas  y sus instituciones, como la UE, el FMI y el Banco Mundial, en la práctica, son sólo un reflejo de los intereses de las grandes empresas.  El cambio climático es reducido a un problema aislado de la crisis sistémica según el cual el progreso sólo está limitado por la tecnología y “más políticas gubernamentales”. Los medios para hacer frente a los problemas siempre se ajustan a los costos financieros y no a objetivos a largo plazo de sostenibilidad del medio ambiente. Abordar el cambio climático en base a las ganancias de unos pocos sólo nos lleva a callejones sin salida, mientras que la perspectiva de un futuro sostenible disminuye.

Fuerzas del Mercado

Uno de estos callejones sin salida es el comercio de emisiones de carbono, el sistema de créditos de carbono. Estos permiten a una empresa o un país que reduce sus emisiones de dióxido de carbono por debajo de la meta a vender la reducción extra como un crédito a otra empresa o país que no ha alcanzado su objetivo. El Banco Mundial dice que el valor del comercio de carbono se duplico el año pasado, a pesar de la crisis económica.  Esto significa que las emisiones están disminuyendo?

Por supuesto que no. Entonces que significa este comercio en la práctica? Un académico de Oxford que estudió el sistema, Adán Bumpus, concluyó que "este reglamento está ahí para favorecer a los mercados. No de hacer reducciones, se trata de hacer un montón de dinero."

La idea es que el gobierno distribuye un número limitado de permisos para producir una cantidad limitada de las emisiones de carbono y que la escasez de estos permisos incrementaría el costo de las emisiones de carbono. Esto, a su vez llevaría a reducir las emisiones y servir como incentivo económico para el desarrollo de tecnologías verdes. Por lo tanto, según la teoría, el comprador paga por la emisión de gases de efecto invernadero, mientras que el vendedor se ve recompensado por Heber reducido las emisiones a más de su objetivo. El único problema es que no funciona de esa manera.

El mercado siempre escoge la manera mas fácil de ahorrar una determinada cantidad de carbono en el corto plazo, independientemente de qué medidas son necesarias para reducciones a largo plazo. El resultado es que el sistema aumenta las travas para el desarrollo de tecnología. Por ejemplo, reducciones pequeñas generalmente pueden ser alcanzadas de manera más barata consiguiendo tecnología un poco más eficiente, mientras que las grandes reducciones requieren enormes inversiones en nuevas tecnologías.

Si el objetivo principal de reducir las emisiones es conseguir más créditos para la venta, de acuerdo con la lógica del mercado, de forma que el comprador pueda producir la misma cantidad de emisiones que el vendedor economizo, negociar créditos no reduce las emisiones. De hecho, es más barato para los capitalistas comprar más permisos sin reducción de emisiones y pasar el costo extra a los consumidores, como ya han probado las empresas de energía.

Como Giovanni Bisignani, director de la Asociación International de Transporte Aéreo (IATA, en inglés), dijo: "Si algunos gobiernos aun quieren aplicar tarifas [sobre el transporte aéreo] debemos recibir créditos de carbono para compensar cada centavo de esos impuestos."

Este es otro ejemplo de las políticas equivocadas de los partidos verdes, que abogan tanto por el mercado de carbono como los impuestos verdes. Hacer las emisiones de gases de efecto invernadero más caras no servirá de nada si la cuenta es para los trabajadores y no para los productores. Mientras tanto, los capitalistas sonríen camino hacia el banco con su novísima conciencia verde.

El problema con la mayoría de las organizaciones ecologistas es estas buscan mecanismos, tales como el mercado del carbono, impuestos verdes, leyes verdes u otras soluciones técnicas para resolver el problema de la contaminación causada por los ricos. Incluso si las propuestas son buenas, la cuestión sobre quién va a hacerlas cumplir permanece. ¿Los contaminantes o las personas? El sistema de créditos de carbono es malo por si solo. Pero el hecho de que los órganos controlados por los capitalistas o los gobiernos asignen permisos, teniendo en cuenta la lógica del mercado, hace que mucho teman quedar en desventaja frente a poderes capitalistas de la competencia.  Hoy en día hay más permisos en circulación que la capacidad de emitir gases de efecto invernadero!

Incluso las compañías petroleras, de gas y carbón hablan de una "revolución verde" con la esperanza de mejorar y refrescar su reputación. Los grupos de presión (lobistas) del gran capital estadounidense, conocidos por su resistencia a cualquier cambio en detrimento de sus intereses económicos, están prácticamente tirando el dinero en el plan de energía limpia de Barack Obama. Ellos saben que el plan contiene tantos vacíos que la industria norteamericana puede evitar cualquier reducción interna real por lo menos hasta el 2026. Esto es porque la Ley de Energía Limpia y Seguridad pone el mercado de carbono en el centro, permitiendo a las empresas cambien permisos de reducción domesticas (internas) por baratos y falsos proyectos verdes en el extranjero.

Los miles de millones que el gigante energético Vattenfall de Suecia recibió de créditos para la energía hidroeléctrica están siendo invertidos en plantas de carbón (termoeléctricas) en los Países Bajos y Bélgica.  Esta prevista la construcción de 50 nuevas plantas a carbón en Europa.

El nuevo y verde imperialismo

Aquí es donde el Mecanismo de Desarrollo Limpio (CDM, sigla en inglés), parte del comercio de emisiones,  entra en juego. Reúne proyectos en los países desarrollados "que no habrían ocurrido sin el mecanismo", y reglas muy flexibles. El consultor de MDL, Axel Michaelowa, habla de una nueva “fiebre del oro” y de “millonarios del dióxido de carbono” creados por el MDL.

El Banco Mundial es el mayor proveedor multilateral de préstamos para proyectos de combustibles fósiles y utiliza su fondo climático para financiar a los gigantes del carbón, como el reciente proyecto de carbón Tata Mundra en la India.   Naturalmente, los proyectos deben ser "verdes", como el gasoducto de África Occidental que busca dinero del MDL para reducir la quema de gas residual en el delta del Río Níger.

Pero el resultado real es que gigantes del petróleo,  como Chevron, pueden recibir créditos de carbono mientras siguen beneficiándose de actividades criminales.  Por lo general, el objetivo del proyecto en sí es devastador. Las Corporaciones emisoras de carbono en el hemisferio norte han plantado eucaliptos y otros árboles exóticos en África. Estos árboles succionan el agua de tierras agrícolas, dejando a los agricultores en la sequía, mientras los créditos son recogidos por este "secuestro de carbono '.

Empresas como la China Hu Chemicals o Petrobras crearon  sus propias subdivisiones de MDL, que reflejan cómo las multinacionales se están apoderando de esta máquina de hacer dinero. En este contexto, hay pocas posibilidades para ciudades y comunidades que quieran desarrollar energía solar o de otra forma renovable.

En la práctica, no hay diferencia entre el "verde" y "justo" CDM y la muy odiada Iniciativa Mejorada para los Países Pobres Altamente Endeudados (programa de ajustes estructurales) que, por ejemplo, hizo posible que la Coca Cola extrajese 300 billones de litros de agua de los países pobres para su producción, mientras que al mismo tiempo poblaciones fueron atacadas debido a la privatización de colectar el agua de lluvia!

Represas, desplazamiento de población y derecho al agua

Muchos CDM están relacionados con las represas.  El incentivo para la construcción de mega-represas ha sido justificado por bancos de desarrollo y multinacionales como necesarios para el desarrollo de África y para combatir las emisiones de carbono.  Mientras gobiernos como EE.UU., Reino Unido y China anuncian grandiosos planes para energizar Afrecha y otros esquemas de “ayuda”, las compañías pusieron en acción el modelo de “Construir, Poseer, Operar y Transferir”, devastando los ríos de África para alimentar la creciente  demanda de energía en Europa y así sucesivamente.  Y todo es mucho más rentable cuando se ganan créditos de carbón por eso.

Grandes represas proporcionan electricidad para empresas multinacionales, agua para minería e irrigación para latifundios de empresas extranjeras.  Comunidades rurales y pequeños agricultores son los últimos en beneficiarse.  En las orillas del Zambezi, uno de los mayores ríos africanos, por lo menos 40 millones de personas de 30 grupos étnicos distintos dependen de la pesca y la agricultura para sobrevivir.   Pero ahora, con 30 represas regulando la cuenca, se produjo una reducción del 60% en la cantidad de camarones de río,  de los que la población depende para su alimentación.   En un estudio de 50 represas en África, el profesor Thayer Scudde, ex asesor sobre desplazamiento de población para el Banco Mundial, descubrió que 86% de la población desplazada no tenia tierra y el 80% no tenía empleo.  La falta de alimentos afectaba al 79% de la población desplazada por las “represas verdes”.

Las negociaciones para ampliar el mercado de carbono a la floresta tropical vienen a intensificar este ataque verde sobre América Latina, donde los derechos indígenas sobre la tierra son débiles. Recientemente, pueblos indígenas en Perú se declararon en huelga para proteger sus tierras y derecho al agua.

Al mismo tiempo, China se esfuerza por construir una imagen justa y verde de sí misma en África, imagen generalmente alimentada y reforzada por los medios de comunicación, afirmando que esta desarrollando sustentabilidad en oposición a la política occidental de dependencia de la deuda. Pero las represas chinas son sólo para obtener contratos de explotación para la minería, alimentos, tierra y madera. El escritor de la revista International Review, Terri Hathaway, ha llamado al boom de las represas Chinas una nueva generación de "colonialismo".

Políticas fallidas

No sólo la Unión Europea admitió el fracaso del sistema CDM, así como la Agencia de Cuentas del gobierno de EE.UU. se vio obligado a reconocer que una proporción significativa de CDMs no significan la reducción de emisiones. Irónicamente, la UE ha propuesto recientemente un nuevo sistema, " crédito sectorial" y "comercio sectorial", vendidos como una superación de los CDMs.  En la práctica, sin embargo, sólo reducen los ya limitados requisitos  y fiscalizaciones del los CDMs de garantizar sustentabilidad ambiental y justicia social.

El comercio de carbono y otras falsas soluciones como biocombustibles, transgénicos, secuestro de carbono, fertilización oceánica y almacenamiento de carbono, entre otras, son conceptos que liberan a las industrias de cualquier responsabilidad al tiempo que les permite obtener grandes ganancias. En abril, el ministro británico para el clima, Ed Miliband, anunció que ninguna planta de carbón nueva sería construida sin la tecnología de captura y almacenamiento de carbono (CCS, siglas en inglés) que capta una proporción de carbono para ser enterrado en el suelo. La CCS es un mecanismo teórico para disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, basadas en la captura de dióxido de carbono emitido por las centrales termoeléctricas. Aunque todavía no han mostrado resultados, puede convertirse y ser vistas como un nuevo resquicio para los 'capitalistas verdes'.

Capturar y comprimir dióxido de carbono significa la utilización de energía adicional. El combustible necesario para una planta de carbón con CCS se incrementa en un 25-40%, según el IPCC. Se estima que estos y otros costos aumentaran el costo de la energía de una planta con CCS en un 2%, un costo lanzado sobre la espalda de los trabajadores en nombre de la “energía verde”.  De acuerdo con el investigador Oscar Reyes, el modelo de planta de Vattenfall quema de 10-40% más carbón que las plantas convencionales.

Gran parte de este esfuerzo climático inútil esta protegido de las críticas de los sectores del movimiento ambiental. Schuman y Harald Christiane Grefe, de los diarios alemanes Tagesspiegel y Die Zeit, pusieron en relieve cómo las ONGs están siendo cada vez más financiadas por las grandes empresas y los gobiernos y de esta forma dejan fuera importantes hechos y conclusiones en sus informes y publicaciones.

Una crisis de oportunidades?

La crisis económica capitalista  sacudió la suposición común de que un crecimiento económico sin fin basado en el mercado iría supuestamente a resolver los problemas climáticos, jamás se han acercado a esto.  Esta plantea otras cuestiones como la necesidad de democratización de la economía, de los procesos de decisión y la necesidad de planificar la producción y el comercio mundial. De todos modos, algunos capitalistas y líderes políticos todavía tratan de ser positivos sobre la capacidad de los mercados y destacan las "cosas buenas" que pudieran derivarse de la recesión.

El Panel para el Progreso de África, presidido por Kofi Annan, por ejemplo, pidió a los líderes africanos convertir la crisis económica mundial en una "oportunidad única" sobre la base de "responsabilidad compartida". En concreto, Annan dice que un aumento en la energía renovable, producción agrícola limpia  y transportes “verdes” podrían fortalecer las economías africanas mediante la inversión extranjera.  También saluda con satisfacción el surgimiento de socios emergentes como China, Brasil e India, como un medio para conseguir las "metas de desarrollo del milenio" en África.  Pero si esta recesión global es una gran oportunidad para la acción sobre el cambio climático, porque la ONU advierte que la inversión en energías renovables cayó 44% en un año? La respuesta es que los capitalistas invierten donde las ganancias son lo más garantizadas posible.

La crisis capitalista convirtió a los mercados mundiales en inseguros. Los precios subieron y se volvieron inestables, y es por eso que los especuladores quieren comprar tierras en vez de cultivos y alimentos. Esto inició una oleada masiva de compra de tierras en África. Ricas corporaciones de China, India, Corea del Sur y Arabia Saudita están creando mega-haciendas con  uso de mano de obra barata. Esta carrera está aumentando la deforestación y la destrucción de los ecosistemas acuáticos, con grandes impactos sobre el cambio climático y la pobreza. En Ruanda, donde 60% de la cubierta forestal fue talada y ecosistemas acuáticos destruidos, el gobierno ha implementado el racionamiento de agua, excepto por supuesto para las empresas que causaron el problema, y especialmente para los bien financiados CDMs.

De acuerdo con el Departamento de Asuntos Ambientales de Sudáfrica,  antes del 2020 cerca de  200 millones de personas en África podrían sufrir escasez de agua. La producción agrícola podría reducirse en un 50%, y los ecosistemas severamente degradados exacerbarán aún más la falta de alimentos. Un estudio del Group d'Experts Intergouvernemantal sur l'Evolution sugiere que la productividad agrícola en el África subsahariana podría caer a la mitad. En enero de 2008, el hambre afectó a 923 millones de personas. Hoy ese número llega a 1.02 millones de personas, según la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU.

Como la tragedia en Darfur muestra, el cambio climático es también una amenaza a la seguridad. Por lo general, existe una temporada de lluvias, la arena del desierto destruye la tierra agrícola y, si de hecho llegan las lluvias, pueden ser torrenciales, barriendo todo el suelo aluvial. Con la creciente escasez de tierra, los acuerdos previos entre ganaderos y agricultores sobre la distribución de la tierra y el uso de pozos, están bajo presión y pueden desecharse. En el norte de Kenia y Uganda, esto ha llevado a enfrentamientos violentos. Lo que se llama "limpieza étnica" en Sudán es de hecho el resultado lógico del robo corporativo de los capitalistas estadounidenses, chinos y rusos, así como el colapso de los ecosistemas que sigue.

¿Demasiado tarde para el Socialismo?

Algunos de los principales activistas contra el cambio climático como George Monbiot de The Guardian (periódico británico) o Joss Garman del grupo Plane Stupid (conocido por la resistencia a la ampliación del aeropuerto de Londres), correctamente subrayan la necesidad de actuar ahora. Sin embargo, sus conclusiones son que es "demasiado tarde" para hablar de socialismo y no hay tiempo para "esperar" por una solución socialista al cambio climático. Cuando la gente reconoce que las predicciones del IPCC e incluso los escenarios más pesimistas en realidad subestiman la velocidad de los cambios climáticos, ellos pueden estar de acuerdo.  Estamos en un apuro, sí. Pero son estos ejemplos de confusión política de importante ambientalistas que crean la idea de que “cualquier cosa sirve” o ya “es muy tarde”, asustando a la gente en dirección a políticas sin sentido y lejos de políticas que de hecho deben ser tomadas.  No hay atajos.

Si algo necesita ser acelerado, es la necesidad de abolir el capitalismo, un sistema que desde sus orígenes nos ha llevado a desastres, guerra, hambre y destrucción medio ambiental.  El problema del calentamiento global no será resuelto por brillantes ideas basadas en el mercado o ajustes técnicos

En primer lugar, la crisis climática no es una cuestión técnica, es una cuestión política. Ahora tenemos los medios técnicos y financieros para detener el cambio climático, acabar con la pobreza y la injusticia. El control de estos medios debe ser tomado por la mayoría en lugar de dejarlos en manos de unos pocos. 

La producción y el comercio deben ser planificados y puestos bajo control democrático. El lucro como fuerza dominante va a desaparecer en un régimen socialista y será reemplazado por la producción orientada a las necesidades de la sociedad. Asambleas elegidas democráticamente en los distintos niveles: local, industrial, nacional e internacional decidirán la forma en que los excesos serán divididos, lo cual será una prioridad, cuáles serán las metas de producción, lo que debe ser invertido para el consumo público o privado.  Estos planes tomaran la forma de tesis de trabajo, discutido y revisado constantemente en los órganos elegidos. La industria automovilística, por ejemplo, debe ser nacionalizada con la producción reorganizada de acuerdo a planes creados por los trabajadores, expertos y consumidores y ligados al desarrollo de un sistema integrado de transporte público. 

Una economía planificada también significaría la eliminación del derroche del capitalismo. Enormes recursos no serán gastados en especulación o publicidad y serán invertidos en producción, solución de problemas ambientales y de infraestructura en los países en desarrollo.  Hoy en día todo debe ser lucrativo sino es cerrado.  En una sociedad socialista habar espacio para la educación, la investigación, la conversión a la agricultura orgánica, o la corrección de otros problemas globales, áreas prioritarias que no necesitarían generar lucro por si solas.

La tecnología debe ser aplicada de manera planificada para sistemáticamente ahorrar energía, con modelos mucho más eficientes de construcción para edificios, procesos industriales de producción y de energía de domestica. Debería haber investigación y desarrollo mucho más intensivo de energías renovables como la solar, eólica, hidroeléctrica y de la energía de las mareas, junto a otras fuentes posibles, así como la tecnología de transmisión y almacenamiento. Necesitamos inversiones masivas y planificadas en infraestructura de transporte público, desde niveles locales a internacionales, basadas en los medios energéticamente mas eficientes, trenes en preferencia a los aviones,  buses en preferencia al automóvil y estimular el uso de la bicicleta por ejemplo.   

La reorganización de la agricultura a nivel nacional y global será de vital importancia, desarrollando métodos ambientalmente amigables en la producción de alimentos  Durante décadas, la agricultura capitalista intensa ha degradado la tierra. A nivel internacional, muchos países exportadores de alimentos se han convertido en dependiente de uno o dos productos y son vulnerables a las fluctuaciones de los mercados mundiales. Los problemas de la gigantesca agroindustria internacional por un lado y la explotación de los pequeños agricultores y campesinos sin tierra por parte de los terratenientes por otro lado, requieren de soluciones socialistas. Medidas urgentes deben ser tomadas para restaurar los ecosistemas degradados, como bosques, lagos, océanos o en las áreas  agrícolas.

Sin lugar a dudas, se necesita más investigación para lograr estos amplios objetivos y  nuevas tecnologías deben ser probadas. Por supuesto, las corporaciones capitalistas, independientemente de cualquier regulación ambiental impuesta  por los gobiernos, nunca enfrentaran seriamente los problemas de destrucción del medio ambiente. Estos objetivos requieren la planificación socialista a escala mundial. Las más rentables industrias hoy se basan en la total explotación de los recursos humanos: la industria del sexo, tráfico de personas, armas y drogas.   Detener el cambio climático depende de la construcción de una sociedad basada en una producción que tenga sentido para las necesidades de todos y no para la ganancia de unos pocos. 



Mattias Bernhardsson,

Militante del CIT en Suecia